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Nuestra visión de solidaridad con los pueblos

¿Qué solidaridad y para qué?  

Ahmed Hijazy*

Antes de empezar creo necesario decir que este artículo no pretende descalificar el trabajo solidario realizado por varios colectivos de solidaridad, ni cuestionar los principios que tienen todas y cada una de las organizaciones solidarias en el Estado español. Al mismo tiempo, pienso necesario señalar que el motivo es una experiencia que llevo viviendo desde hace más de doce años, durante los cuales he estado observando y participando en movimiento de solidaridad en tres países árabes y otros tres europeos. Así, puedo decir que el objetivo que me impulsa a escribir este artículo es abrir un debate para contestar esta explosiva pregunta: ¿ sobrevivimos para solidarizar o solidarizamos para vivir?.

En un momento muy delicado, como el que vivimos hoy, necesitamos replantearnos muchas preguntas acerca de lo que somos, lo que queremos, y lo que nos rodea. Y claro, lo primero que viene a cuento en este contexto es la pluralidad del movimiento antiglobalización, la diversidad que colorea nuestras marchas, nuestras manifestaciones y por lo tanto lo que estamos exigiendo. La marcha del 19 de mayo, convocada por el Foro Transatlántico de Madrid, en contra de la Cumbre Hispano – Europea y por un mundo más justo y solidario, fue marcada por la masiva solidaridad con Cuba y Colombia. Las manifestaciones, de mayo y abril, y en especial, la de Valencia convocada durante la Cumbre Euromediterránea y  la del 15 de abril convocada por el Foro Social de Madrid, en contra del genocidio israelí en Palestina, fueron marcadas por una diversidad política que reflejaba las distintas visiones políticas sobre lo que piensa cada colectivo de este centenario conflicto. También, en las mismas marchas de solidaridad con el pueblo palestino, vimos varias pancartas exigiendo el fin del genocidio imperialista en Irak, y condenando el golpe de Estado dado en Venezuela.

Sin embrago, hemos de pensar en lo que defendemos y reclamamos, no aceptar lo que se nos pone sobre la mesa sin cuestionarlo. O dicho de otra manera. Todos rechazamos el modelo neoliberal, la globalización señorial del mercado y las políticas de la nueva escuela unicornista (de unicornio)  del pensamiento único, impugnamos todo esto por su dimensión explotadora. Pero resulta más que necesario practicar la crítica con temas que defendemos, rechazar lo negativo en ellos, y extender la propaganda y la experiencia de lo positivo en estos temas. Criticar ciertos aspectos del modelo cubano, no significa pertenecer a la mafia de Miami, criticar la situación política interna en Irak, no significa apoyar la política salvaje angloamericana en este país. Se pueden detallar un sin fin de causas parecidas que estamos defendiendo en nuestra labor solidaria diaria. Todos recordamos muy bien nuestro lema durante la guerra de los Balcanes: Ni OTAN Ni Milosovich. Y de eso, precisamente, hablo; del espíritu que contiene este lema: de ser justos y a la vez reivindicar un mundo justo y transparente.     

En muchos colectivos de solidaridad que he conocido desde cerca, pude comprobar que también existe un doble rasero en el tratamiento que se da a muchas causas de solidaridad. Y en esto me refiero a los conceptos políticos que caracterizan las posturas políticas de cada colectivo. Normalmente, no toleramos la dictadura del capital, de los medios monopolísticos de comunicación, del modelo social occidental, pero al mismo tiempo justificamos el totalitarismo que reina en muchas partes del mundo, y lo hacemos en el nombre de la revolución y la izquierda, o desde una opinión en la que el punto de partida es la resistencia en contra del neoimperialismo, las presiones y planes neocoloniales. Es el caso de Irak, de Cuba y también era el caso de la Yugoslavia de Milosovich, para no ir lejos y hablar de la ex Unión Soviética.

Hablar de Irak y Cuba no quiere excluir a otras causas de solidaridad, pero son los dos casos más claros a la hora de analizar el doble rasero que reina en el discurso político de varios colectivos. Y esto tiene mucho que ver con la naturaleza – se entiende ¿no?- de las relaciones y los lazos que se estrechan entre colectivos independientes y instituciones oficiales en ambos países que están sometidos a sanciones y embargos estadounidenses. Cuando leemos la narración – fue puesta también en internet a finales de abril - de un compañero que ha estado de viaje con una delegación solidaria en Irak hace pocos meses, contando las entrevistas y encuentros que la delegación celebró con oficiales iraquíes del partido único permitido en el país, y los demás encuentros con los gobernadores militares de algunas ciudades castigadas por ataques angloamericanos; tenemos que preguntarnos si la solidaridad debería ser entre pueblos o con regímenes. Decir pueblos o regímenes tiene su porqué, puesto que en realidad no hay ningún ciudadano - de estos países y residente en el Estado español – que está colaborando con estos colectivos, y cuando lo hay suele ser de los próximos a sus embajadas y nada independiente  o opositor.

Aunque lo dicho en este último párrafo pudiera molestar a algunos, tenemos que reconocer que estos hechos no pueden servir ni contribuir nada positivo a la labor solidaria. La mejor forma para solidarizar con un país, como Irak, que está siendo amenazado por EE.UU. y Bretaña es hablar de lo que sufre el pueblo iraquí por las salvajes sanciones internacionales y las represiones del régimen de Sadam que utilizó, igual que la alianza imperialista en la segunda Guerra del Golfo, armas de destrucción masiva contra su propio pueblo: los imperialistas lo hicieron en varias ciudades como en Basora, y el régimen en la ciudad de Halabaja. En el mismo sentido podemos hablar de lo que sufre Cuba y su pueblo, ante las nuevas acusaciones y amenazas estadounidenses. Podemos hablar de todo esto, sin olvidarnos de que existen aspectos positivos en ambos países, pero sin justificar las barbaridades a las que están sometidos ambos pueblos. Los derechos humanos son pilares que cuentan en el trabajo de solidaridad internacionalista.

Algunos intentan insinuar que los derechos humanos no son más que una coartada del neoliberalismo de hoy, pues esta verdad nadie la puede desmentir, pero sería una cosa muy distinta renunciar a esta reclamación  por ser mal utilizada por los nuevos señores de la guerra neoimperialista.  La lucha por la libertad, la justicia y la igualdad, siempre ha sido uno de los pilares fundamentales de la izquierda, por lo tanto recuperar el calor por estos valores es una tarea urgente para reconstruir un movimiento solidario plural y de izquierda.

Sin duda, el abandono de ciertas reivindicaciones que, siempre, han permitido distinguir entre la izquierda revolucionaria y las otras fuerzas políticas y sociales, incluida, por supuesto, la izquierda gris reformista, aumentó el deterioro en las filas de los colectivos revolucionarios y solidarios. La corrupción jugó y sigue jugando un papel muy importante en este campo, sobre todo entre movimientos que utilizaban causas muy “necesitadas”, para buscar una legitimidad revolucionaria sin merecerla ni en la practica ni ideológicamente. Un ejemplo, muy cercano que no escapa a nuestra memoria, es el de la Causa Palestina en la que la burguesía lidera sus instituciones constituidas en la OLP. Algunos colectivos habían subido al barco “revolucionario”, poniéndose programas progresistas y de liberación para, entre otras cosas, justificar su existencia y conseguir algo de lo que había. En cuanto la burguesía palestina dejó (a raíz de los humillantes acuerdos firmados con el fascismo israelí) de legitimar (o mantener) a estos colectivos dándoles una cobertura de credibilidad, los mismos arrinconaron la Causa Palestina, o la empujaron hacia un tercer o segundo lugar en sus actividades, buscando otras causas más “rentables”. En días como hoy, mientras vemos el genocidio contra los palestinos, ninguno de los colectivos de aquellos años tiene un representante entre las delegaciones europeas independientes que están viviendo el horror sionista al que pueblo palestino está  siendo sometido.

Después de la salida de los sandinistas del poder en Nicaragua, otros colectivos de solidaridad con la Revolución Sandinista dejaron de mencionar el nombre del Frente Sandinista, marginando, ignorando y maldiciendo a la magistral lección democrática que los sandinistas dieron a todo el Mundo, así como la Teología de Liberación que, nacida bajo el paraguas del Sandinismo, permitió al mundo saborear un nuevo modelo de movimientos cristianos comprometidos en la lucha por la justicia y la libertad.

Estando Milosovich sometido a un juicio ante el Tribunal Atlántico de La Haya, el conflicto de los Balcanes está aún presente. Durante las masacres cometidas contra los bosnios por el régimen de ése, podíamos ver y escuchar a quienes, en el nombre de la izquierda, querían defender a Milosovich y a su régimen, considerándolos izquierdistas y revolucionarios y rechazando las protestas que salían a la calle con lemas como Ni OTAN Ni Milosovich.

Con todo lo dicho anteriormente, volvamos a recordar que los colectivos de solidaridad necesitan, hoy más que nunca, su independencia, su transparencia, sus señas de identidad como colectivos solidarios de una izquierda verdadera; Una izquierda nada gris y nada reformista. Y para empezar, en esta tarea, hemos de recuperar nuestros principios, prostituidos hoy por los reformistas y oportunistas. Son los principios de siempre; libertad, derechos humanos, justicia social, autodeterminación, liberación, paz e igualdad. La solidaridad que calla  y enmudece ante las atrocidades y sabotajes -cometidos en el nombre del progresismo y en contra de nuestros sueños por un mundo más justo y más solidario- no es capaz de ser transparente ni creíble. Y, desde luego, los supuestos modelos de solidaridad basados en el neo-orientalismo y el neo-hispanismo no son más que tendencias patriarcales que, sin duda, pretenden esconder su oportunismo, su invalidez moral y su reformismo detrás de una cortina muy noble como la solidaridad internacionalista entre los pueblos.  Por eso hemos de abrir un debate, hemos de responder las dos preguntas imprescindibles: ¿ Solidaridad entre pueblos o con regímenes? ¿Sobrevivimos para solidarizar o solidarizamos para vivir?.    

 

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