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Las mujeres y el Corán

JUAN JOSÉ TAMAYO

Desde hace varias décadas se desarrollan en el Islam importantes corrientes reformistas y feministas que denuncian el monopolio tradicional de los varones, y más en concreto de los clérigos, en la exégesis del Corán, así como su interpretación patriarcal, contraria al espíritu originario y a su defensa de la igualdad entre hombres y mujeres. Estas corrientes reclaman el derecho de las mujeres a acceder directamente a dichos textos y a interpretarlos desde la perspectiva de género, que lleva a considerar el Corán como un importante instrumento en favor de la liberación de la mujer.

Lo primero que constatan es que el texto sagrado del Islam no tiene un relato de creación de la mujer a partir de una costilla del varón, como tiene la Biblia judía (Génesis 2, 21-22). El hombre y la mujer son creados de la tierra sin subordinación ni dependencia de uno a otro. La relación entre los creyentes y las creyentes es de amistad y protección mutua. En el Corán aparece 25 veces el nombre de Adán, que no es árabe sino hebreo, y en 21 de ellas tiene el significado de humanidad. Tampoco hay en el libro sagrado del Islam un relato que responsabilice a la mujer del pecado y de la expulsión del paraíso, como aparece al comienzo de la Biblia judía (Génesis 3, 6).

En la situación de discriminación de la mujer, e incluso de desprecio hacia su vida, propia de la sociedad preislámica, el Corán supone un avance importante. Era tal la ofensa que suponía el nacimiento de una niña en aquella sociedad, que algunos padres llegaban incluso a matarla al nacer, como constata el Corán, que condena rotundamente esa práctica: "Cuando se le anuncia a uno de ellos una niña, se queda hosco y se angustia. Esquiva a la gente por vergüenza de lo que se le ha anunciado, preguntándosele si lo conservará, para deshonra suya, o lo esconderá bajo tierra... ¡Qué mal juzgan!" (16: 58-59).

El Corán reconoce igualdad de derechos y de deberes a hombres y mujeres con respecto a la religión, como demuestra el siguiente texto que utiliza un lenguaje claramente inclusivo: "Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los que y las que dan limosna, los que y las que ayunan, los castos y las castas, los que y las que recuerdan mucho a Dios" (33: 35). La recompensa y la buena vida por las buenas acciones alcanzan a los hombres y a las mujeres creyentes por igual (16: 97).

Hay, con todo, textos patriarcales que defienden la superioridad del varón, su función protectora de la mujer y la dependencia de ésta. La virtud de las mujeres se vincula esencialmente a la devoción, a la obediencia y a la actitud sumisa hacia los maridos. La rebeldía se considera una falta de respeto para con ellos que debe ser castigada (al menos, según algunas traducciones).

Aquí se encuentra el texto citado por el imam de Fuengirola para justificar la violencia contra las mujeres en determinadas ocasiones: "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de las preferencias que Dios ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas. Y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios manda que cuiden. ¡Amonestad a aquellas que temáis que se rebelen, dejadles solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis con ellas" (4:34) (tomo la traducción de la edición del Corán preparada por Julio Cortés, Herder, Barcelona, 2000, 6ª edición, página 153).

¿Cómo interpretan las teólogas feministas y los teólogos reformistas dentro del Islam este texto y otros en la misma línea? Todos coinciden en que reflejan la mentalidad de la época, en la que estaba muy arraigada la inferioridad de la mujer. Hay quienes creen que los textos que justifican el sometimiento de la mujer al varón deben entenderse en sentido metafórico.

En general se tiende a afirmar que la traducción "¡pegadles!" resulta incorrecta. La mayoría de esas tendencias cuestiona la consideración del Corán como palabra literal de Dios, así como su validez y normatividad en todos los contextos y culturas. Y todas creen que hay que interpretar el Corán a la luz de los derechos humanos y no viceversa. Eso es aplicable a los textos sagrados de todas las religiones. En esa línea van las recientes Declaraciones islámicas de Derechos Humanos. Un ejemplo de tal planteamiento es el de la abogada iraní Shirin Ebadi, practicante musulmana, que acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz por su lucha a favor de los derechos humanos.

Sin interpretación, las religiones desembocan derechamente en el fundamentalismo. Sin el horizonte de los derechos humanos las religiones terminan por justificar prácticas contrarias a la dignidad e inviolabilidad de la persona. Y, además, apelando a Dios para dar validez normativa a esas prácticas. El imam de Fuengirola ha declarado que negar el Corán sería una herejía. Yo creo que la herejía es el fundamentalismo en el que él está instalado.

Juan José Tamayo es teólogo, director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid.

Editor Ahmed Hijazi
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